Innovación y economía del conocimiento

10 julio, 2019

Ni la idea de innovación ni la promoción del emprendedorismo son una novedad. Repetidos hasta el cansancio en eventos empresarios, universitarios, notas de prensa y encuentros de todo tipo, ambos conceptos corren el riesgo de volverse parte del paisaje, una moda o tendencia que flota en la superficie sin nunca profundizarse.

Sin embargo, durante la presentación de la competencia de startups 100K LATAM, a la que convocan el ITBA y la oficina latinoamericana de la escuela Sloan de Management del MIT, quedó claro que la innovación es mucho más que una moda: es el elemento que impulsa la economía del conocimiento. Y para que haya innovación, es necesario promover emprendimientos de base tecnológica. Sólo así, América latina y el Caribe tendrán la posibilidad de participar activamente de la nueva economía, generando valor para la región.

“Estamos hoy en la economía de lo intangible, la economía de los datos y la economía de las neuronas. Y esto abarca a toda la actividad económica: no hay una economía tradicional y otra moderna, sino que es una evolución”, asegura Andrés Agres, vicerrector del ITBA. Para aclarar la cuestión provee un ejemplo: “Hablamos de manufactura digital y sigue siendo manufactura, pero basada en la transmisión de datos y en la posibilidad de que un diseño sea hecho en otro lado… es la evolución de lo tradicional hacia lo nuevo”.

“Muchas veces cuando se habla de innovación pareciera que hay una dicotomía con el resto del mundo industrial y no lo vemos como el mismo mundo”, señala, por su parte, Javier Martínez Álvarez, presidente Cono Sur de Tenaris. “En una planta industrial compleja como la nuestra se generan todos los días millones de datos. Tenemos censores y controladores en todos los equipos, desde en un pequeño motor hasta en un gran enlaminador en caliente. Hasta ahora esos millones de datos se usaban de manera discreta y particionada. La economía del conocimiento permite usarlos de maneras que hoy ni siquiera tenemos claro qué resultados van a dar; posibilita encontrar correlaciones que hoy no son tan intuitivas y directas”, ejemplifica.

En la economía del conocimiento, la tecnología se vuelve un facilitador que permite “tener esa información disponible, manejarla y obtener saltos de calidad en los procesos”, agrega Martínez Álvarez. “El mundo está cambiando a una velocidad enorme, están cambiando la comunicación, la política, cómo interactuamos como personas, y están cambiando las empresas. Necesitamos esquemas y estructuras nuevas”, prosigue el líder de Tenaris Cono Sur.

En este contexto, la existencia de un ecosistema emprendedor se vuelve clave. “Las pymes que trabajan con Tenaris, hacen a Tenaris mejor y más competitiva. Necesitamos estos emprendedores externos y necesitamos también que los profesionales que entran a la empresa sean intrapreneurs: emprendedores adentro de la compañía. Este tipo de eventos, como el concurso, genera el desarrollo de un ambiente emprendedor más profundo y más robusto que es vital para la competitividad”, analiza Martínez Álvarez, cuya compañía tiene cinco centros de investigación y desarrollo -el más importante de ellos en la Argentina- donde trabajan científicos y técnicos elaborando 250 familias de patentes. Y concluye: “En un mundo donde la tecnología está reconfigurando sociedades, la innovación es lo que mejor captura una actitud para abrazar el cambio”.

El concurso

La competencia, que distribuye más de 100.000 dólares entre los proyectos ganadores, cuenta con tres categorías distintas en función de la madurez en la que se encuentre el emprendimiento: Pitch, Accelerate y Launch. Los proyectos son evaluados por un jurado compuesto por especialistas de la industria, referentes del ecosistema emprendedor, académicos y emprendedores que valoran el desarrollo de emprendimientos innovadores, de base tecnológica y/o inscriptos en la economía del conocimiento.

Para Gustavo Pierini, Presidente Gradus Management Consultants (Brasil) y, además, jurado del concurso 100K LATAM, sin inclusión es muy difícil tener innovación. Es necesario gente con apetito, con voluntad de transformar el mundo”. Por eso destaca la voluntad de la competencia de evitar cualquier sesgo en la selección de los proyectos. Desarrollamos una plataforma en la cual todos los candidatos colocan sus proyectos de una forma predefinida y extensa. A esa misma plataforma acceden los llamados jueces online. El objetivo es que, en la primera etapa, cada proyecto presentado sea visto por, como mínimo, cinco jueces diferentes”, describe Pierini.

Toda la información convergerá en una base de datos que después será procesada en el ITBA para seleccionar los cinco finalistas de cada categoría sobre la base de las valoraciones hechas por los jurados online. Los seleccionados participarán de la gran final el 5 de noviembre en la Sede Distrito Tecnológico del ITBA.

En la primera edición del concurso, el año pasado, “hubo casi 1900 emprendimientos registrados, de los cuales 300 completaron todo el procedimiento”, informa Nicolás Bacqué, Director General Institucional del ITBA. Pero para este año, la expectativa es mayor ya que “la convocatoria va a penetrar mucho más en la región y en el interior de la Argentina, porque se sumó una gran cantidad de socios universitarios que ayudan a extender el llamado a comunidades a las que nosotros desde Buenos Aires no llegamos”, agrega.

Aunque el concurso es abierto para proyectos de cualquier tipo de actividad y aplicables en cualquier tipo de sector, y solo se juzga su impacto económico y social, en la convocatoria 2018 las iniciativas relacionadas con lo “bio” y las “ciencias de la vida” fueron las más numerosas. “Llegamos a la conclusión de que los conocimientos en ciencias de la vida combinados con la tecnología y la innovación son una fortaleza que tiene la región, concluye Agres.

 

*Por Gabriela Samela.